La mayoría de las personas lo tienen y no lo saben 😳
Aunque resulte sorprendente, en la superficie de nuestra piel habita un organismo diminuto del que la mayoría de las personas no es consciente. Se trata del Demodex folliculorum, un ácaro microscópico que convive naturalmente con los seres humanos. Su presencia ha sido estudiada durante años y forma parte del ecosistema normal de la piel, especialmente en zonas donde hay más folículos pilosos y glándulas sebáceas, como el rostro. A pesar de lo inquietante que pueda sonar, la gran mayoría de las personas convive con él sin experimentar ningún síntoma.
Este pequeño organismo vive preferentemente en regiones como pestañas, cejas, nariz, frente y otros sectores donde se produce una mayor cantidad de sebo. En estos lugares encuentra el ambiente ideal para alimentarse y cumplir su ciclo natural. De hecho, forma parte de la llamada microbiota cutánea, ese conjunto de microorganismos que ayudan a mantener el equilibrio de la piel. En condiciones normales, su presencia no genera molestias, ni infecciones, ni ninguna enfermedad.
Las funciones que cumple en la superficie cutánea están relacionadas con la limpieza de restos celulares y el consumo de pequeñas cantidades de sebo. Por eso suele detectarse con mayor frecuencia en adultos y en personas con piel grasa, simplemente porque encuentran en ellas un entorno más favorable. En la mayoría de las ocasiones, su población se mantiene estable y no produce cambios visibles.
Sin embargo, el equilibrio puede alterarse cuando se da un aumento inusual en la cantidad de estos ácaros. Esto puede suceder por distintos motivos, entre ellos cambios en la microbiota, alteraciones del sistema inmunológico o un incremento marcado en la producción sebácea. Cuando el número de Demodex crece más de lo normal, el organismo puede reaccionar con distintos signos de inflamación o molestias en la piel.
Diversas investigaciones han vinculado este aumento con condiciones cutáneas como la rosácea, en especial su variante papulopustulosa, así como con blefaritis, disfunción de glándulas de Meibomio, dermatitis facial, foliculitis e incluso irritación ocular persistente. Si bien el Demodex no siempre es el responsable directo, sí puede contribuir a agravar o prolongar algunos de estos cuadros, dificultando su resolución.
Cuando aparece una reacción inflamatoria notable, se habla de demodicosis, un cuadro que puede manifestarse de manera repentina. Los síntomas, que suelen surgir aparentemente de un día para otro, incluyen ardor, picazón, enrojecimiento, sensación de aspereza similar al papel de lija, pequeñas pústulas, escamas que recuerdan a un eczema y una marcada sensibilidad cutánea. Algunas personas también describen un ligero brillo blanco en la piel o en las pestañas.
Si el problema se presenta en los ojos o en el borde de los párpados, puede generar irritación ocular, picazón, pérdida de pestañas y engrosamiento o descamación de los párpados. Estos signos pueden confundirse con otras afecciones, por lo que la evaluación profesional es fundamental para determinar la causa exacta.
Es importante subrayar que el hecho de tener Demodex no significa enfermedad. La presencia de estos ácaros es completamente normal y forma parte del funcionamiento natural de la piel. Solo cuando existe una proliferación excesiva acompañada de síntomas es necesario iniciar un tratamiento, siempre indicado por un profesional de la salud. La automedicación no es recomendable, ya que cada caso requiere una valoración adecuada para determinar la causa del desequilibrio y el manejo correcto.
Este artículo es estrictamente informativo y no reemplaza una consulta médica. Si presentas irritación persistente en la piel o molestias oculares, lo más adecuado es acudir a un médico o dermatólogo para recibir orientación profesional.
