Riesgos invisibles en los salones de uñas: la exposición diaria a químicos que muchas no advierten


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Lo más triste es que muchas de estas mujeres no fuman, no beben, no tienen malos hábitos… Ver más

Detrás de unas uñas perfectas, brillantes y prolijas, existe una realidad que pocas personas conocen y que muchas trabajadoras del rubro no dimensionan en su totalidad. Cada día, miles de mujeres que se dedican a la aplicación de uñas acrílicas, gelificadas o esmaltado semipermanente pasan horas respirando sustancias químicas presentes en acrílicos, pegamentos, primers, removedores y esmaltes. Son productos de uso habitual, normalizados por la rutina laboral, pero que liberan vapores que no se ven y que ingresan al cuerpo de manera constante.

El problema no está en el oficio en sí, sino en las condiciones de trabajo. En numerosos casos, estas tareas se realizan en espacios reducidos, con poca o nula ventilación, sin sistemas de extracción de aire y sin el uso de protección respiratoria adecuada. La jornada puede extenderse entre ocho y diez horas diarias, durante las cuales los pulmones, la piel y las vías respiratorias están expuestos de forma continua a compuestos químicos que se acumulan con el tiempo.

Aunque muchas veces se minimiza el impacto, la exposición prolongada a estos vapores puede generar consecuencias reales para la salud. Entre los efectos más frecuentes se reportan dolores de cabeza persistentesirritación en ojos y gargantaalergias cutáneasdificultades respiratorias y, en algunos casos, alteraciones hormonales asociadas al contacto constante con determinadas sustancias. Estos síntomas no suelen aparecer de inmediato, lo que hace que el riesgo pase desapercibido durante años.

Lo más preocupante es que muchas de las mujeres afectadas llevan un estilo de vida saludable. No fuman, no consumen alcohol en exceso, mantienen hábitos equilibrados y aun así comienzan a experimentar problemas físicos que no logran explicar. La causa no está en decisiones personales, sino en una exposición laboral sostenida, normalizada y pocas veces advertida. Es una situación silenciosa que se repite en salones pequeños, domicilios particulares y espacios improvisados donde la prioridad suele ser la atención al cliente y no el cuidado del propio cuerpo.

Los químicos utilizados en manicura pueden ingresar al organismo por diferentes vías. La inhalación es la principal, pero no la única. La piel también absorbe sustancias cuando no se utilizan guantes, y el contacto repetido aumenta el riesgo de sensibilización y reacciones alérgicas. A largo plazo, esta combinación puede debilitar el sistema respiratorio y generar cuadros que afectan la calidad de vida y la capacidad de seguir trabajando.

Frente a este escenario, la prevención se vuelve clave. Ventilar correctamente el lugar de trabajo no es un lujo, es una necesidad básica. Abrir puertas y ventanas, trabajar cerca de una fuente de aire natural o incorporar extractores reduce de forma significativa la concentración de vapores en el ambiente. Respirar químicos durante horas en un espacio cerrado tiene un impacto directo sobre los pulmones, incluso cuando no se percibe un olor intenso.

El uso de cubrebocas adecuados, diseñados para filtrar vapores químicos, es otra medida fundamental. Los tapabocas de tela o los descartables comunes no ofrecen la protección necesaria frente a este tipo de sustancias. A eso se suma la importancia de los guantes, que ayudan a disminuir el contacto directo con productos agresivos para la piel. Cuidar la salud no debería ser opcional, sino parte del ejercicio profesional.

También es necesario respetar pausas regulares durante la jornada. Salir a tomar aire limpio entre clientas, lavarse las manos con frecuencia y evitar trabajar sin descanso durante horas continuas permite que el cuerpo se recupere y reduzca la carga acumulada. El organismo necesita oxígeno y tiempo para procesar la exposición diaria.

El mensaje central es claro: el problema no es hacer uñas, el problema es hacerlo sin protección. Embellecer a otros no debería implicar poner en riesgo la propia salud. Informarse, leer las etiquetas de seguridad, mejorar las condiciones del espacio de trabajo y adoptar medidas preventivas puede marcar una diferencia enorme a largo plazo.

Este contenido es informativo y no reemplaza la consulta con un profesional de la salud. La exposición prolongada a productos químicos puede generar daños respiratorios u otros problemas físicos, por lo que es fundamental tomar conciencia y actuar a tiempo. Cuidar el cuerpo también es parte del trabajo.

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