El Niño se intensifica: qué regiones podrían sufrir sequías, inundaciones y calor extremo

Los lugares con mayor riesgo de inundaciones y sequías 👇

El fenómeno climático El Niño atraviesa una etapa de creciente intensidad y podría convertirse en uno de los episodios más importantes de los últimos años. De acuerdo con las proyecciones difundidas por la Organización Meteorológica Mundial (OMM), el evento podría fortalecerse durante los próximos meses y mantener su influencia sobre distintas regiones del planeta hasta comienzos de 2027.

La evolución genera especial atención entre los especialistas porque El Niño puede modificar los patrones habituales de lluvias y temperaturas a miles de kilómetros de distancia del océano Pacífico. Algunas regiones pueden experimentar períodos prolongados de sequía, mientras que otras enfrentan una mayor probabilidad de precipitaciones intensas e inundaciones.

El último boletín de la OMM estima una probabilidad cercana al 100% de que el fenómeno continúe al menos hasta febrero de 2027. Los modelos utilizados por los organismos meteorológicos también apuntan a un fortalecimiento de las condiciones cálidas en el Pacífico tropical central y oriental, donde se desarrolla el fenómeno.

Uno de los indicadores fundamentales para seguir la evolución de El Niño es el índice Niño 3.4, que permite medir las anomalías de temperatura superficial del océano en una zona determinada del Pacífico ecuatorial. Según los datos citados en el informe, entre finales de julio y mediados de agosto se registraron valores semanales de entre +2,2 °C y +2,6 °C respecto de los promedios habituales.

Las temperaturas bajo la superficie también mostraron anomalías importantes en determinados sectores del océano, con registros que superaron en más de 8 °C los valores considerados normales para esas profundidades. Estos datos ayudan a los especialistas a comprender la cantidad de energía acumulada en el océano y cómo puede evolucionar el fenómeno durante los siguientes meses.

El Niño constituye la fase cálida del sistema conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENSO). Se produce cuando las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial central y oriental presentan un calentamiento anormal. Ese cambio puede modificar la circulación atmosférica, alterar los vientos y provocar variaciones en los patrones de precipitaciones y temperaturas en diferentes partes del mundo.

“La ciencia no deja lugar a dudas: el planeta se adentra en aguas desconocidas”, afirmó el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, en el comunicado difundido por la OMM.

La organización, sin embargo, establece una diferencia importante: El Niño es un fenómeno natural y no está causado por el cambio climático. Lo que sí genera preocupación es que actualmente se desarrolla sobre un planeta y unos océanos que presentan temperaturas más elevadas debido al calentamiento global. Esa combinación puede modificar la manera en que se manifiestan determinados extremos climáticos.

Uno de los países que ya observa consecuencias relacionadas con el calentamiento del océano es Perú. Según información citada por Nature, las autoridades decidieron finalizar anticipadamente la temporada de pesca de anchoveta debido a las condiciones registradas frente a sus costas.

El aumento de la temperatura marina puede modificar la distribución de determinadas especies y hacer que los peces busquen zonas con características más favorables. Para Perú, donde la pesca representa una actividad económica de gran importancia, estos cambios pueden tener consecuencias relevantes sobre la producción y las comunidades que dependen del sector.

La influencia del fenómeno también alcanza a Centroamérica. La reducción de las precipitaciones en determinadas zonas provocó una menor disponibilidad de agua dulce para el funcionamiento de las esclusas del Canal de Panamá, según la información difundida por Nature.

El problema no se limita al transporte marítimo. En países como Guatemala, Honduras y El Salvador, productores agrícolas reportaron dificultades relacionadas con la disponibilidad de agua y el comportamiento de las cosechas. En otras zonas del Caribe, como Puerto Rico, también se implementaron medidas de racionamiento, mientras que Jamaica enfrentó presiones sobre algunos cultivos.

La situación cambia al observar otras regiones del planeta. En partes de Indonesia, por ejemplo, el comienzo de la temporada de incendios forestales presentó condiciones superiores a las habituales. En sectores del sur y este de África, la combinación entre condiciones secas y elevados costos de insumos agrícolas genera preocupación por la producción de alimentos y la seguridad alimentaria.

Sin embargo, El Niño no significa que todas las regiones afectadas vayan a experimentar sequía. Ese es uno de los aspectos que los expertos consideran fundamentales al analizar el fenómeno. En determinados lugares, la configuración atmosférica asociada puede favorecer lluvias abundantes, mientras que en otros puede producir condiciones más secas y cálidas.

Durante el período comprendido entre septiembre, octubre y noviembre de 2026, los modelos de la OMM anticipan temperaturas superiores a los valores habituales en buena parte de las áreas continentales. Los pronósticos de precipitaciones también muestran patrones compatibles con una respuesta atmosférica significativa ante el fortalecimiento de El Niño.

En algunas regiones de Sudamérica, los efectos pueden incluir episodios de precipitaciones intensas. Nature señaló la presencia de lluvias y nevadas importantes en sectores de Chile y Perú, condiciones que llegaron a afectar actividades económicas como la minería y provocaron interrupciones temporales en determinados lugares turísticos.

El comportamiento también puede ser relevante para el Cuerno de África, donde determinados escenarios climáticos asociados al fenómeno podrían favorecer precipitaciones intensas y aumentar el riesgo de inundaciones en algunas zonas.

Esta diversidad de efectos demuestra por qué resulta complicado elaborar una predicción general para todo el planeta. La intensidad de El Niño es un factor importante, pero no es el único elemento que determina lo que ocurre en cada región.

Los especialistas también observan las condiciones de otros océanos y sistemas atmosféricos. Las temperaturas del Atlántico tropical y la evolución del dipolo del océano Índico pueden modificar o reforzar determinados patrones, haciendo que la respuesta climática de una región sea diferente de la registrada en otro lugar.

Además, no todos los grandes episodios de El Niño presentan las mismas características. Algunos concentran sus mayores anomalías en el Pacífico central, mientras que otros tienen una influencia más marcada en el Pacífico oriental, cerca de las costas de Sudamérica.

Esta diferencia resulta especialmente importante para los especialistas que intentan comparar el episodio actual con acontecimientos registrados décadas atrás. De acuerdo con expertos citados por Nature, el actual evento intenso presenta características que recuerdan a los episodios dominantes del Pacífico oriental registrados hacia finales de la década de 1990.

La comparación histórica, sin embargo, tiene importantes limitaciones. Desde aquellos episodios transcurrieron casi tres décadas durante las cuales aumentaron las temperaturas globales y oceánicas. Por esa razón, los efectos de un fenómeno de intensidad similar podrían no ser exactamente iguales a los observados en el pasado.

La climatóloga Deepti Singh, de la Universidad Estatal de Washington, explicó a Nature que existe cierta relación entre la intensidad de El Niño y sus impactos. Sin embargo, los especialistas advierten que esa relación no es completamente lineal.

Una atmósfera más cálida puede contener mayor cantidad de vapor de agua, modificar determinados procesos atmosféricos y favorecer que algunos episodios extremos sean más intensos. Esto significa que conocer la magnitud de El Niño no permite determinar por sí solo qué ocurrirá en una ciudad, país o región concreta.

Por ese motivo, los organismos meteorológicos recomiendan interpretar las proyecciones de manera regional y seguir las actualizaciones oficiales a medida que avance la temporada.

El escenario actual vuelve a demostrar la importancia de los sistemas de monitoreo climático. El seguimiento de las temperaturas oceánicas, la presión atmosférica, los vientos y las precipitaciones permite anticipar posibles cambios y preparar medidas para sectores especialmente vulnerables, como la agricultura, la pesca, el transporte y la gestión del agua.

Para la población, la evolución de El Niño no significa que necesariamente vaya a producirse un evento extremo en todos los lugares mencionados. Sus efectos dependen de numerosos factores y pueden cambiar incluso entre regiones cercanas.

Lo que sí resulta claro es que el fenómeno tendrá una influencia significativa sobre los patrones climáticos durante los próximos meses. Con una previsión que apunta a su permanencia hasta 2027, gobiernos, científicos y organismos de emergencia deberán continuar observando su evolución.

En un contexto de calentamiento global, comprender cómo interactúan los fenómenos naturales con las condiciones actuales del planeta resulta cada vez más importante. El Niño no es nuevo ni representa por sí mismo una consecuencia del cambio climático, pero su desarrollo en un mundo más cálido plantea un escenario que puede diferir de lo observado en décadas anteriores.

Por ahora, los expertos mantienen la atención sobre el Pacífico tropical y las señales que permitan determinar cómo evolucionará el episodio. Mientras las proyecciones continúan actualizándose, la recomendación principal es mantenerse informado mediante fuentes meteorológicas oficiales y prestar especial atención a los avisos regionales relacionados con sequías, lluvias intensas, inundaciones y temperaturas elevadas.

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