Una historia poética y atrevida que sigue el viaje íntimo de una mujer desde su nacimiento hasta los 50 años… Ver más
En 2013, el director danés Lars von Trier volvió a sacudir al mundo del cine con el estreno de Nymphomaniac, una obra que desde su anuncio fue definida como audaz, provocadora y profundamente introspectiva. Presentada como una historia “poética y atrevida” sobre el recorrido vital de una mujer que se autodefine como ninfómana, la película no tardó en convertirse en tema de conversación tanto entre la crítica especializada como entre el público general.
La trama gira en torno a Joe, interpretada en su etapa adulta por Charlotte Gainsbourg y en su juventud por Stacy Martin, quien relata su vida desde la infancia hasta los 50 años. La narración comienza cuando un hombre mayor, encarnado por Stellan Skarsgård, la encuentra herida en un callejón y decide ofrecerle ayuda. A partir de ese encuentro, la protagonista reconstruye episodios clave de su pasado a lo largo de ocho capítulos, abordando sus relaciones, decisiones personales y conflictos internos. El interlocutor, por su parte, intercala comentarios y reflexiones que aportan una mirada intelectual —a veces inesperada— sobre lo que escucha.
El proyecto fue concebido en dos volúmenes, con un reparto internacional que incluye a figuras como Shia LaBeouf, Christian Slater, Jamie Bell, Uma Thurman, Willem Dafoe, Connie Nielsen y Mia Goth, entre otros. Desde su estreno, la producción fue reconocida por su ambición artística y por el riesgo asumido tanto en la construcción narrativa como en las interpretaciones.
Antes de su llegada a los cines, ya existía una fuerte expectativa en torno al contenido adulto de la película. Tras su presentación oficial, las reacciones no se hicieron esperar. Algunos espectadores la describieron como una experiencia cinematográfica intensa que no resulta adecuada para todos los públicos. En redes sociales, varios usuarios recomendaron verla en un entorno privado debido a la naturaleza explícita de ciertas escenas. “Si tienes pensado ver Nymphomaniac pt.1 y 2, mírala solo”, escribió una persona. Otra añadió: “No debería haberla visto cuando era más joven”.
La productora Louise Vesth explicó en su momento el proceso técnico utilizado para rodar las escenas más delicadas. Según detalló, se filmó a los actores simulando determinadas situaciones y posteriormente se integraron efectos digitales y dobles de cuerpo en la etapa de postproducción, combinando ambas imágenes para lograr el resultado final. Este procedimiento fue parte de la estrategia para mantener el control artístico sin comprometer a los intérpretes más allá de lo acordado.
La crítica especializada ofreció opiniones divididas pero apasionadas. En el sitio Rotten Tomatoes, el primer volumen obtuvo una valoración del 77 %, mientras que el segundo alcanzó el 59 %, reflejando la disparidad de criterios. Algunos analistas destacaron la valentía del proyecto y su estructura poco convencional. “Con sus obscenidades tremendamente absurdas, sus interpretaciones atrevidas y audaces, y su deliberada y complaciente falta de estructura, Nymphomaniac provoca la ya familiar sinfonía de exclamaciones, gritos y risas”, escribió un crítico. Otro comentó: “Escandalosa, inspirada, exasperante, infantil, desconcertante, cruel, hermosa, divertida… Nymphomaniac es una película que no se puede calificar con un simple «buena/mala»”.
Sin embargo, también hubo voces críticas que cuestionaron el enfoque narrativo y la perspectiva adoptada por el director. Algunas reseñas la consideraron emocionalmente distante o excesivamente gráfica en su tratamiento de ciertos temas. “Para aquellos que no equiparan [el apetito adulto] con las complejidades de la pesca con mosca, Nymphomaniac: Vol. 1 es más tediosa que emocionante”, señalaba una evaluación. Otra observación apuntaba que la película ofrecía una visión particular y pesimista del deseo femenino.
Más de una década después de su estreno, Nymphomaniac continúa generando discusión y análisis. Para algunos, es una obra que desafía convenciones y obliga a reflexionar sobre la narrativa del deseo y la identidad. Para otros, su estilo y contenido la convierten en una propuesta difícil de asimilar. Lo cierto es que el filme consolidó, una vez más, la reputación de Lars von Trier como un creador dispuesto a explorar los límites del lenguaje cinematográfico y a provocar reacciones intensas en la audiencia.
