Este es un claro signo de que te va a dar… Ver más
Cuando se habla de salud femenina, la atención suele centrarse en enfermedades de tipo ginecológico. El cáncer de mama, el de cuello de útero y el de ovarios encabezan la lista de preocupaciones tanto en las campañas de prevención como en los controles médicos habituales. Como resultado, muchas mujeres acuden regularmente a sus chequeos ginecológicos desde edades tempranas, pero suelen posponer los controles cardiológicos hasta la llegada de la menopausia o incluso después.
Este patrón de comportamiento no es menor si se considera que las enfermedades cardiovasculares (ECV) son la principal causa de muerte en mujeres tanto en Argentina como a nivel mundial. Según datos de la American Heart Association, una de cada tres mujeres muere por alguna forma de ECV cada año, y aproximadamente el 45% de las mayores de 20 años ya padece alguna manifestación de esta enfermedad. A pesar de estas cifras alarmantes, solo un 35% de las mujeres reconoce a las enfermedades cardiovasculares como el mayor riesgo para su salud, de acuerdo a una encuesta de la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC).
¿Qué comprende la enfermedad cardiovascular?
Las ECV no se limitan a una sola condición. Se trata de un conjunto de patologías que afectan al sistema circulatorio y que, si no son detectadas y tratadas a tiempo, pueden derivar en consecuencias graves o incluso fatales. Las principales afecciones que se engloban dentro del término “enfermedad cardiovascular” incluyen:
- Enfermedad coronaria: se produce por la acumulación de placa en las arterias del corazón. Esta obstrucción puede reducir el flujo sanguíneo y derivar en un infarto o en un accidente cerebrovascular isquémico.
- Accidente cerebrovascular (ACV): ocurre cuando se interrumpe el flujo de sangre hacia el cerebro, ya sea por un bloqueo o por una hemorragia. Las consecuencias pueden variar desde secuelas neurológicas hasta la muerte.
- Enfermedad vascular periférica: es causada por el estrechamiento o bloqueo de los vasos sanguíneos fuera del corazón y el cerebro, lo cual afecta principalmente a las extremidades.
- Ateroesclerosis: es la acumulación de grasas, colesterol y otras sustancias en las paredes de las arterias. Esta acumulación, conocida como placa, puede obstruir el flujo sanguíneo o romperse y provocar coágulos peligrosos.
Un problema subestimado por la sociedad
A pesar de la alta prevalencia de estas enfermedades, la concientización pública sigue siendo baja. En una segunda encuesta realizada en 2021 por el área de Corazón y Mujer de la SAC, se reveló que el 62% de las mujeres encuestadas seguía considerando al cáncer como la principal causa de muerte en la mujer. En ese contexto, los tumores ginecológicos eran los más mencionados, y solo el 34,9% identificó a las enfermedades cardiovasculares como el principal riesgo.
Esta falta de percepción va de la mano con un problema más profundo: la brecha de género en la investigación y en la atención médica. Históricamente, los estudios clínicos sobre enfermedades del corazón se centraron en poblaciones masculinas, lo que llevó a una escasa representación femenina y a un desconocimiento de los síntomas propios de las mujeres. Como consecuencia, muchas veces los signos de alerta son subestimados o erróneamente atribuidos a otras causas, retrasando diagnósticos y tratamientos.
Un estudio publicado en el American Journal of Preventive Cardiology advierte que el riesgo cardiovascular en mujeres sin factores tradicionales como hipertensión, diabetes o tabaquismo podría estar siendo subestimado. Esta situación agrava la invisibilidad de la enfermedad cardiovascular femenina, en especial cuando los síntomas no se presentan de manera típica.
Controles y seguimiento: herramientas clave para la prevención
La clave para revertir esta tendencia está en la detección temprana. Conocer y controlar los niveles de colesterol LDL, realizar controles de presión arterial, llevar un seguimiento médico regular y adoptar hábitos saludables son pasos fundamentales para reducir el riesgo cardiovascular. La mayoría de las mujeres están acostumbradas a visitar al ginecólogo, pero son pocas las que consultan regularmente a un cardiólogo. Esta omisión puede implicar una falta de diagnósticos a tiempo, lo que impide tomar medidas preventivas en las etapas iniciales de la enfermedad.
Es importante comprender que la ECV no es una enfermedad exclusiva de la vejez ni del género masculino. Los primeros signos pueden aparecer mucho antes de lo que se cree, y cuanto antes se aborden, mejores serán las posibilidades de mantener una buena salud cardiovascular a largo plazo.
¿Cuáles son los factores de riesgo de la ECV?
Existen múltiples factores que pueden influir en el desarrollo de una enfermedad cardiovascular. Algunos son conocidos y modificables, como la hipertensión arterial, la obesidad, la diabetes tipo 2, la dislipidemia (colesterol alto), el tabaquismo, el sedentarismo o una dieta rica en grasas saturadas.
Sin embargo, hay otros aspectos menos visibles pero igualmente importantes que también aumentan el riesgo cardiovascular. Entre ellos se encuentran:
- Factores psicosociales: nivel socioeconómico, nivel educativo, estrés crónico y depresión.
- Factores emergentes: tratamientos oncológicos que afectan el sistema circulatorio, trastornos del sueño y afecciones inflamatorias.
- Factores únicos de la mujer: la menarca precoz o tardía, la menopausia precoz, la diabetes gestacional, la hipertensión durante el embarazo o las complicaciones obstétricas aumentan el riesgo cardiovascular a futuro.
También existen factores no modificables que deben tenerse en cuenta. La historia familiar de ECV, la edad y la genética son determinantes importantes. En los casos de enfermedad cardiovascular prematura (antes de los 55 años en hombres y de los 50 en mujeres), es fundamental descartar causas hereditarias, como la hipercolesterolemia familiar, que provoca niveles anormalmente altos de colesterol LDL desde edades tempranas.
Una radiografía preocupante de la salud cardiovascular femenina
Una encuesta reciente realizada por la Sociedad Argentina de Cardiología, en la que participaron 3338 mujeres, ofreció datos reveladores. El 20,7% de las encuestadas presentaba antecedentes de enfermedad coronaria o ACV. Además, una de cada tres tenía sobrepeso, una de cada cuatro sufría hipertensión arterial y una de cada cinco registraba niveles de colesterol superiores a 200 mg/dl. Casi la mitad admitió llevar una vida sedentaria, un hábito directamente relacionado con un mayor riesgo cardiovascular.
Estos resultados muestran que la ECV en mujeres no solo es una amenaza real, sino también una urgencia subestimada. La falta de conciencia, la escasa representación en estudios científicos, la subvaloración de síntomas y los controles médicos insuficientes son obstáculos que deben ser superados para mejorar la salud cardiovascular femenina.
La enfermedad cardiovascular sigue siendo la principal causa de muerte en mujeres, y sin embargo, es ampliamente ignorada tanto por la población general como por muchos sistemas de salud. Cambiar esta realidad implica educar, concientizar y fomentar una cultura de prevención que incluya tanto a profesionales de la salud como a las propias pacientes.
Las mujeres deben saber que su corazón también está en riesgo, incluso antes de la menopausia. Consultar al cardiólogo con regularidad, conocer los factores de riesgo personales y actuar en consecuencia puede marcar la diferencia entre una vida saludable y una enfermedad que, en muchos casos, puede prevenirse.
No se trata solo de vivir más, sino de vivir mejor. Y para lograrlo, es imprescindible cuidar el corazón, ese motor silencioso que sostiene cada latido de nuestras vidas.


