Lo que pocos saben sobre esta enfermedad silenciosa que puede aparecer sin aviso


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Así es la enfermedad que se activa cuando el sistema inmunológico se debilita… Ver más

El herpes zóster, conocido popularmente como culebrilla, es una enfermedad que suele generar confusión y preocupación cuando aparece, especialmente porque muchas personas desconocen su origen, sus causas reales y por qué puede manifestarse incluso en individuos que llevan una vida aparentemente saludable. Aunque no siempre se habla de él, se trata de una afección relativamente frecuente, sobre todo a partir de cierta edad, y comprenderla es clave para actuar a tiempo y evitar complicaciones.

El herpes zóster no es una enfermedad nueva ni extraña. Está directamente relacionado con el virus varicela-zóster, el mismo que causa la varicela en la infancia. Lo que muchos ignoran es que, una vez superada la varicela, el virus no desaparece del organismo. Permanece latente durante años, incluso décadas, alojado en el sistema nervioso sin provocar síntomas. En determinadas circunstancias, puede reactivarse y dar lugar al herpes zóster.

Esta reactivación suele ocurrir cuando el sistema inmunológico se debilita. El envejecimiento natural del cuerpo, el estrés prolongado, enfermedades crónicas, tratamientos médicos que afectan las defensas o períodos de desgaste físico y emocional intenso pueden crear el escenario propicio para que el virus vuelva a activarse. Por eso, aunque es más común en adultos mayores de 50 años, también puede presentarse en personas más jóvenes.

Uno de los aspectos más característicos del herpes zóster es que no aparece de forma repentina sin señales previas. En muchos casos, los primeros síntomas son inespecíficos y pueden confundirse con otros problemas de salud. Dolor localizado, sensación de ardor, hormigueo o hipersensibilidad en una zona específica del cuerpo suelen ser las primeras advertencias. Estas molestias pueden aparecer días antes de que surjan las manifestaciones visibles, lo que dificulta un diagnóstico temprano si no se presta atención.

Con el paso de los días, suele aparecer una erupción cutánea localizada, generalmente en un solo lado del cuerpo. Este patrón no es casual: el virus se reactiva a lo largo de un nervio específico, lo que explica por qué las lesiones siguen una distribución definida y no se extienden de manera generalizada. Aunque el aspecto externo llama la atención, los especialistas destacan que el dolor asociado puede ser el síntoma más intenso y persistente.

En la mayoría de los casos, el herpes zóster evoluciona favorablemente con tratamiento médico adecuado. Los antivirales, cuando se administran en las primeras 72 horas desde el inicio de los síntomas, pueden reducir la duración del cuadro y disminuir el riesgo de complicaciones. Sin embargo, cuando el diagnóstico se retrasa, puede aparecer una de las secuelas más temidas: la neuralgia posherpética, un dolor persistente que puede durar meses o incluso años después de que la erupción desaparece.

Este dolor crónico no solo afecta la calidad de vida, sino también el bienestar emocional. Personas que lo padecen describen una sensación constante de ardor o punzadas que interfieren con el sueño, el descanso y las actividades cotidianas. Por esta razón, los médicos insisten en la importancia de no minimizar los síntomas iniciales y consultar de inmediato ante cualquier sospecha.

Otro punto que suele generar dudas es si el herpes zóster es contagioso. La respuesta es parcial. Una persona con herpes zóster no contagia la enfermedad como tal, pero sí puede transmitir el virus varicela-zóster a alguien que nunca tuvo varicela ni fue vacunado, provocándole varicela, no herpes zóster. Por eso, durante la fase activa, se recomienda evitar el contacto directo con personas inmunodeprimidas, mujeres embarazadas y recién nacidos.

En los últimos años, la prevención ha ganado un rol central. Existen vacunas diseñadas específicamente para reducir el riesgo de desarrollar herpes zóster y, en caso de que aparezca, disminuir la gravedad del cuadro. Los organismos de salud recomiendan la vacunación principalmente en adultos mayores y en personas con factores de riesgo, ya que ha demostrado ser una herramienta eficaz para evitar complicaciones.

Más allá de los tratamientos y las vacunas, el herpes zóster deja una enseñanza clara: la salud no depende solo de la ausencia de enfermedades visibles. El equilibrio del sistema inmunológico, el manejo del estrés y la atención a las señales del cuerpo juegan un papel fundamental. Muchas veces, el organismo avisa antes de que algo se manifieste de forma evidente.

En definitiva, el herpes zóster es una enfermedad conocida pero subestimada. Comprender su origen, reconocer sus primeros síntomas y actuar a tiempo puede marcar una gran diferencia en su evolución. Informarse no genera alarma, sino prevención, y en este caso, estar atentos puede evitar dolor prolongado y complicaciones innecesarias.

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