Si tu perro no deja de hacer agujeros en el jardín quizás no sea travesura… y la razón podría sorprenderte.
Muchos dueños de mascotas se han encontrado con la escena: sales al jardín y descubres que tu perro ha dejado un nuevo cráter en el césped. Aunque para nosotros pueda ser un comportamiento molesto, para ellos es una acción con profundas raíces instintivas y emocionales. Comprender por qué los perros cavan ayuda no solo a cuidar nuestro jardín, sino también a interpretar mejor su mundo interior.
En primer lugar, hay que recordar que el perro, aunque domesticado, conserva muchos instintos heredados de sus ancestros. Los lobos y otros cánidos salvajes cavan para buscar alimento, esconder comida, crear refugios o regular la temperatura corporal. Este impulso, transmitido a lo largo de generaciones, sigue presente incluso en perros que jamás han vivido fuera de una casa.
Una de las razones más comunes por las que un perro hace pozos es para enterrar objetos. Puede tratarse de un hueso, un juguete o incluso restos de comida. Este comportamiento, llamado “acaparamiento”, es un mecanismo natural para guardar recursos y asegurarse de tenerlos disponibles más tarde. No es necesariamente un signo de hambre, sino de seguridad y previsión.
Otra causa frecuente es la búsqueda de frescura. En días calurosos, muchos perros cavan para encontrar tierra más fría y recostarse en ella. Esta conducta es especialmente común en razas con mucho pelaje o en animales que pasan mucho tiempo al aire libre. La tierra húmeda y fresca les ayuda a regular su temperatura corporal.
La ansiedad o el aburrimiento también pueden ser detonantes. Un perro que no recibe suficiente estimulación mental o ejercicio físico podría buscar actividades por su cuenta, y cavar se convierte en una manera de liberar energía acumulada. Este tipo de excavaciones suelen ser más caóticas, con varios pozos pequeños en diferentes lugares, y a veces van acompañadas de otros comportamientos como morder muebles o ladrar en exceso.
En algunos casos, los perros cavan porque detectan olores subterráneos. Animales como roedores, insectos o incluso raíces y plantas con olores atractivos pueden motivar esta búsqueda. Su olfato, miles de veces más agudo que el nuestro, les impulsa a explorar lo que hay bajo la superficie.
Hay razas que, por su genética, están más predispuestas a este hábito. Terriers, Huskies, Beagles y Pastores Nórdicos, por ejemplo, fueron criados durante siglos para cazar, rastrear o excavar. Para ellos, cavar no es solo una diversión, sino una parte natural de su comportamiento.
Desde el punto de vista del vínculo humano-perro, los pozos en el jardín pueden ser una señal para prestarle más atención. Si el perro cava cuando su dueño está ausente, podría tratarse de ansiedad por separación, buscando aliviar su estrés a través de la actividad física. En estos casos, aumentar la interacción, los paseos y el juego puede reducir la conducta.
Para manejar este comportamiento, lo ideal es identificar la causa antes de corregirlo. Si es por calor, ofrecer zonas sombreadas o camas refrescantes puede ser la solución. Si es por aburrimiento, más ejercicio y juguetes interactivos serán de gran ayuda. Y si se trata de instinto, se puede designar un rincón del jardín como “zona de excavación” para que el perro pueda hacerlo sin dañar otras áreas.
En definitiva, que tu perro haga pozos en el jardín no es un capricho ni una travesura sin sentido. Es la manifestación de instintos antiguos, necesidades físicas o emocionales que forman parte de su naturaleza. Comprenderlo nos permite no solo proteger nuestras plantas, sino también fortalecer el vínculo con nuestro compañero de cuatro patas, ofreciéndole un entorno que respete su esencia y a la vez se adapte a nuestra vida diaria.
