Los hijos de Shakira revelan todo, dicen que su madre no… Ver más
Los hijos de Shakira volvieron a captar la atención pública, pero esta vez lejos de los escenarios, los titulares musicales o la exposición mediática habitual. Milan y Sasha, aún en plena infancia, sorprendieron por la madurez emocional y la claridad con la que se refieren a su madre, dejando al descubierto una mirada profunda, sincera y cargada de afecto hacia la mujer que consideran el centro de su mundo. Sus palabras no solo conmueven, también ofrecen una ventana poco habitual a la vida familiar de una de las artistas más reconocidas a nivel global.
Hablar de Shakira desde lo artístico resulta casi automático: décadas de éxitos, una carrera internacional sólida y una influencia cultural indiscutible. Sin embargo, cuando el foco se desplaza hacia su rol como madre, el relato adquiere otra dimensión. Ahí desaparecen los números, los premios y la fama, y emergen conceptos como presencia, contención, esfuerzo y amor cotidiano. Eso es precisamente lo que reflejan Milan y Sasha al referirse a ella, con una naturalidad que desarma cualquier pose.
Lejos de discursos armados o frases aprendidas, los niños describen a su madre como una figura cercana, protectora y genuinamente involucrada en sus vidas. Para ellos, Shakira no es solo una estrella internacional, sino la persona que los acompaña día a día, que los escucha, los aconseja y los sostiene emocionalmente. Esa percepción habla de una maternidad ejercida desde la disponibilidad emocional, incluso en medio de agendas exigentes y contextos de alta exposición.
En distintos momentos, Milan y Sasha han dejado entrever que son conscientes de que su madre atravesó etapas complejas. Sin embargo, lejos de mostrar preocupación o tristeza, lo que expresan es orgullo y admiración. La ven como una mujer fuerte, capaz de reinventarse y seguir adelante sin perder la sonrisa ni el vínculo con ellos. Esa lectura infantil, pero lúcida, refleja el clima emocional en el que están creciendo y el mensaje silencioso que Shakira les transmite a través de sus actos.
Resulta llamativo cómo los niños destacan el equilibrio que su madre intenta mantener entre su vida profesional y la maternidad. Según cuentan, siempre encuentra momentos para compartir, más allá de compromisos, viajes o responsabilidades laborales. Para ellos, esa constancia es una señal clara de que son prioridad. No se trata de grandes gestos, sino de tiempo compartido, de atención real y de una escucha activa que fortalece el vínculo.
También resaltan la importancia de los momentos simples. Cocinar juntos, mirar una película, jugar, conversar o escuchar música son actividades que valoran profundamente. En su relato, esos instantes cotidianos tienen el mismo peso que cualquier logro público. Esa mirada evidencia que, en su mundo emocional, lo extraordinario no pasa por la fama, sino por la rutina compartida.
Otro aspecto que emerge con fuerza es la manera en que Shakira fomenta la expresión emocional. Milan y Sasha se sienten cómodos hablando de lo que sienten, de lo que los entusiasma y también de lo que les preocupa. Esa apertura no surge al azar: es el resultado de una crianza basada en la empatía, el respeto y la comunicación constante. Los niños reconocen que pueden ser ellos mismos sin miedo al juicio.
Además, destacan que su madre los impulsa a ser auténticos, sin imponerles expectativas rígidas ni caminos predeterminados. Los alienta a descubrir sus propios intereses y a construir su identidad con libertad, pero siempre acompañados. Esa combinación de guía y autonomía es algo que ellos perciben y valoran.
En un entorno que podría resultar abrumador por la exposición pública, Shakira ha logrado crear para sus hijos un espacio seguro. Un ámbito donde pueden equivocarse, aprender y crecer como niños, sin cargar con el peso de la mirada externa. Esa protección se refleja claramente en la forma en que hablan de ella: con confianza, cariño y una cercanía genuina.
El sentido del humor también ocupa un lugar importante en su relato. Para Milan y Sasha, su madre es trabajadora y responsable, pero también divertida, capaz de reír, cantar y sumarse a sus juegos. Esa complicidad fortalece el lazo y construye recuerdos que, sin duda, los acompañarán siempre.
El orgullo que sienten por Shakira no es distante ni idealizado. Es un orgullo íntimo, familiar. Les alegra verla triunfar, pero más aún verla bien. Para ellos, la felicidad de su madre es el verdadero éxito. Y esa percepción dice mucho del tipo de valores que están incorporando.
Las palabras de Milan y Sasha no solo hablan de Shakira como madre, también anticipan el tipo de personas que están creciendo para ser: sensibles, agradecidas y conscientes del esfuerzo ajeno. Mientras el mundo sigue observando a Shakira desde lo artístico, estas voces infantiles recuerdan que, lejos de los escenarios, existe una historia igual de poderosa: la de una mujer que supo construir un hogar basado en el amor, la presencia y el respeto mutuo.
