Sobrevivió a una infancia marcada por el miedo y terminó convirtiéndose en una de las grandes figuras de Hollywood

Iluminó los años 80 con su talento, pasando de ser modelo a actriz ganadora de un Óscar 😮👇

Hablar de Geena Davis es pensar en una de las actrices más influyentes del cine estadounidense. Dueña de un Premio Óscar, protagonista de películas que marcaron a varias generaciones y referente en la lucha por una mayor representación femenina en la industria, su recorrido hacia el éxito estuvo lejos de ser sencillo. Antes de conquistar Hollywood, atravesó experiencias que dejaron una profunda huella en su vida y que, con el paso de los años, ella misma decidió compartir públicamente.

Nacida el 21 de enero de 1956 en Wareham, Massachusetts, Davis creció en un entorno muy diferente al mundo del espectáculo. Su familia llevaba un estilo de vida sencillo y tradicional, con valores centrados en la disciplina, el respeto y la educación. En distintas entrevistas, la actriz ha contado con humor que sus padres eran tan conservadores que solía bromear diciendo que “habrían sido amish si hubieran sabido lo que era ser amish”.

Su infancia transcurrió en un ambiente alejado del glamour. Recordó que la familia calentaba la vivienda con leña que cortaba su padre y que gran parte de los alimentos provenían de la huerta que cuidaba su madre. Esa vida tranquila contribuyó a formar una personalidad reservada, aunque también alimentó una pasión que apareció desde muy pequeña.

Según ha contado la propia actriz, apenas tenía tres años cuando sintió que quería dedicarse a la actuación. “Tenía tres años, y no tengo ni idea de cómo sabía siquiera que eso era un trabajo, porque solo nos dejaban ver películas de Disney, que eran de animación”, recordó en una oportunidad.

Sin embargo, aquella infancia aparentemente apacible también estuvo atravesada por momentos difíciles. Uno de los episodios que más la marcó ocurrió cuando tenía ocho años, durante un viaje familiar en automóvil junto a un tío abuelo de avanzada edad. Mientras él conducía, el vehículo comenzó a desplazarse de manera peligrosa entre otros autos. Nadie se animaba a cuestionar al conductor y el silencio dominó la escena hasta que, en el último instante, logró corregir la trayectoria y evitar un accidente.

Aquella experiencia quedó grabada en su memoria durante décadas. Más adelante explicaría que ese episodio reforzó una costumbre que la acompañó durante gran parte de su vida: priorizar siempre la cortesía, incluso cuando era necesario expresar desacuerdo. Esa reflexión se convirtió, años después, en uno de los ejes centrales de sus memorias tituladas “Dying of Politeness”.

En ese libro también abordó otro capítulo especialmente delicado de su infancia. Davis contó que, cuando era niña, sufrió una situación de abuso por parte de un vecino. Durante mucho tiempo no comprendió plenamente lo ocurrido, ya que, como ella misma explicó, no tenía herramientas para interpretar aquella experiencia.

“Me causó mucha vergüenza que eso sucediera porque no sabía lo que él estaba haciendo cuando me tocaba de esa manera. No sabía que estaba mal”, declaró en una entrevista con Vanity Fair. Aunque su madre enfrentó al responsable y le exigió que no volviera a acercarse a su hija, nunca hubo un proceso judicial.

La actriz explicó que durante muchos años convivió con sentimientos de culpa y silencio. “Mi gran lección en la vida fue que nunca debes quejarte de nada”, recordó al analizar cómo aquella experiencia influyó en su forma de relacionarse con los demás.

A esas dificultades se sumaron los problemas de integración durante la adolescencia. Su gran estatura, que más adelante sería una de sus características distintivas, se convirtió entonces en motivo de burlas entre algunos compañeros de escuela. Davis practicó atletismo, participó en pruebas de salto y carreras con vallas, además de integrar la banda escolar tocando la flauta, pero confesó que durante mucho tiempo se sintió incómoda por destacar físicamente entre sus compañeros.

Después de finalizar la escuela secundaria estudió durante un tiempo en Suecia, donde perfeccionó el idioma, y luego ingresó a la Universidad de Boston para formarse en arte dramático. Curiosamente, años más tarde reveló que nunca terminó la carrera y que sus propios padres jamás llegaron a enterarse de ese detalle.

Decidida a perseguir su sueño, se mudó a Nueva York, donde trabajó en distintos empleos mientras intentaba abrirse camino como modelo. Su perseverancia le permitió firmar con una agencia y aparecer en el conocido catálogo de Victoria’s Secret, una oportunidad que terminaría cambiando su destino.

La propia actriz reconoció que veía el modelaje como una puerta de entrada al cine. “Sabía que quería dedicarme al cine, en lugar del teatro”, explicó en una entrevista con NPR.

El giro definitivo llegó cuando el reconocido director Sydney Pollack la descubrió gracias a aquellas fotografías y la convocó para participar en “Tootsie” (1982). Compartir elenco con Dustin Hoffman significó el comienzo de una carrera que no tardaría en despegar.

Durante los años siguientes llegaron proyectos como “La mosca”, junto a Jeff Goldblum“Beetlejuice”, dirigida por Tim Burton, y “El turista accidental”, película por la que obtuvo el Óscar como mejor actriz de reparto.

Sin embargo, el papel que consolidó definitivamente su nombre fue el de Thelma Dickinson en “Thelma & Louise”, la recordada producción dirigida por Ridley Scott que protagonizó junto a Susan Sarandon. La película se convirtió en un símbolo del cine protagonizado por mujeres y continúa siendo considerada una obra de referencia varias décadas después de su estreno.

Más tarde protagonizó “A League of Their Own”, reafirmando su lugar entre las principales figuras femeninas de Hollywood. En aquellos años, Davis era admirada tanto por su talento como por su elegancia. Ella misma reconoció con naturalidad que disfrutaba especialmente de asistir a ceremonias como los Premios Óscar, donde podía lucir vestidos espectaculares muy distintos del estilo sencillo con el que había crecido.

Con el paso del tiempo, sin embargo, observó cómo las oportunidades para las actrices mayores de cuarenta años comenzaron a reducirse. “Me caí por el precipicio”, declaró años después al recordar esa etapa de su carrera.

Mientras tanto, su vida personal también experimentaba cambios importantes. Tras varios matrimonios, encontró estabilidad junto al cirujano Reza Jarrahy, con quien tuvo a sus tres hijos cuando ya había superado los 40 años. Convertirse en madre representó una de las experiencias más significativas de su vida y pasó a ocupar un lugar prioritario por encima del trabajo.

En los últimos años, además de continuar actuando, Geena Davis se ha convertido en una de las voces más influyentes en favor de una mayor igualdad de género dentro de la industria audiovisual. A través de investigaciones, conferencias y distintas iniciativas, ha impulsado cambios para que mujeres y niñas tengan una representación más equilibrada en el cine y la televisión.

A sus 69 años, continúa vinculada a nuevos proyectos, demostrando que el talento no depende de la edad. Su historia refleja que detrás de una de las grandes estrellas de Hollywood hubo una niña que enfrentó situaciones difíciles, una joven que luchó por encontrar su lugar y una artista que nunca dejó de reinventarse. Ese recorrido, construido con perseverancia y determinación, explica por qué hoy sigue siendo considerada una de las mujeres más respetadas e influyentes del entretenimiento internacional.

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